¿Nos espía WhatsApp?

Bundesarchiv, Bild 101I-198-1363-29A / Henisch / CC-BY-SA 3.0 [CC BY-SA 3.0 de (https://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0/de/deed.en)]

ACTUALIZACIÓN: Lo anduvimos contando en Julia en la Onda (min 16:45)

Habréis oído alguna vez que hay quien tiene una conversación privada por WhatsApp mencionando algún producto y poco después recibe publicidad en Facebook justo de ese producto.

¿Cómo saber si esto es realmente así?

Junto con algunos de mis alumnos de este año, nos propusimos hacer un experimento para comprobarlo. Aquí os dejo el reporte, con un saludo para mis alumnos 😉

Posible paso de datos de conversaciones de WhatsApp a Facebook e Instagram

Javier Fernández Panadero

como profesor responsable de

la clase 4ºD curso 18/19 del IES Vicente Aleixandre de Pinto (Madrid)

javierfpanadero@yahoo.com

@javierfpanadero

Resumen

Animados por los rumores sobre personas que tenían conversaciones escritas privadas en WhatsApp y recibían anuncios en Facebook e Instagram relacionados con esas conversaciones, hemos llevado a cabo un pequeño experimento.

Los alumnos van repetir un término en una conversación privada y luego comprobar si reciben publicidad relacionada con ese término.

Se hace el experimento dos veces y salvo algún caso aislado no se produce ese efecto.

Introducción

Es un rumor recurrente que si hablas de un tema en WhatsApp recibes luego publicidad relacionada en Facebook e Instagram.

Sabemos ocurren cosas parecidas, por ejemplo, hacer búsquedas en Google y que aparezca publicidad relacionada en Facebook.

En este caso nos parecía mucho más grave, la conversación en WhatsApp se supone que está encriptada y es secreta.

También podría ser un caso de “cherry picking” en el que el usuario está fijándose solamente en la coincidencia que ha tenido y no en todos los casos en los que no ha habido coincidencia (como pasa con los videntes, que agrandan sus mínimos aciertos).

O podría ser que los usuarios ya fueran público objetivo de ese producto y que el hecho de hablar de él haya sido irrelevante. Por ejemplo, un concierto en una ciudad cercana a la que viven.

Experimento 1

Participantes: 17

Número de repeticiones del término en WhatsApp: 15

Antes de hacer el experimento decidimos con cuántos casos consideraríamos positiva la relación (para evitar sesgos en la interpretación de los resultados) y decidimos que si hubiese publicidad relacionada en la MITAD de los casos podríamos descartar que fuese un asunto aleatorio.

Buscamos términos para los que ellos no fueran público objetivo por su edad, sexo o su historial (lugares en los que hayan estado ellos, o amigos) y llegamos a esta lista.

Lucena, El Ejido, Nimes, Grenoble, Horcajo, Cazzu, Perito moreno, Gran Cañón del Colorado, Hopewel, estilete, tapones de corcho, buje, trinchacadenas, Parque de la Reina, Taipei, Campillo, Mondoñedo.

Mientras discutíamos esta lista mantuvimos apagados los móviles por si tenían dados permisos de micrófono directamente a Facebook o Instagram y hubieran recibido publicidad por un acceso directo de estas apps y no por la interacción con WhatsApp.

Resultados del Experimento 1

En ningún caso apareció publicidad directa con el concepto en concreto, aunque en dos casos que apareció algo con cierta relación.

Quien habló de Nimes vio luego publicidad de viajes a Francia y quién habló de Campillo (y había mencionado la palabra “vino”, típico de allí) recibió publicidad de vino.

Analizando los resultados pensamos que quizá no encontrábamos publicidad relacionada, porque los términos que usábamos no la contratan, no porque no se estuviera monitorizando la conversación. Por ejemplo, que no hubiera nadie pagando a Facebook para publicitar “estiletes”.

Como los casos “sospechosos” (el vino y Francia) surgieron inmediatamente, pensamos que no hay problemas con las repeticiones, el tiempo de espera hasta mirar los anuncios, y procedemos a volver a hacer el experimento con algún producto que sí esté publicitándose de manera masiva y que a la vez no sean los estudiantes público objetivo.

Experimento 2

Participantes: 18

Repeticiones del término: 15

Pactamos usar el término “pañales” que sabemos que se publicitan a mucho público, que recuerdan no haber recibido con anterioridad y para los que aún no son público objetivo.

Resultados del Experimento 2

El resultado de este segundo experimento es el siguiente, hay dos personas que reciben publicidad relacionada, mientras otros dieciséis, no.

Antes de empezar el experimento decidimos poner un límite en el 50% de ocurrencias, y nos hemos quedado muy lejos, pudiendo atribuir estos dos anuncios a otras causas.

Sin duda resulta llamativo que alguien, aunque solo sea una persona, reciba ese anuncio, pero para eso se hacen experimentos controlados y estadística, para distinguir lo que parece de lo que es. Si no, a quien le toca la lotería le parecería “lo normal”.

Conclusiones

Aunque este tipo de experimento tienen muchas posibles fuentes de error  y el número de participantes es bajo, nuestra conclusión debe ser que no hay relación entre nuestras conversaciones de WhatsApp y los anuncios que recibimos en Facebook e Instagram.

Animamos a que se haga en condiciones más controladas y con muchas más personas y quedamos pendientes de esos resultados.

Respecto a quienes encuentran esas coincidencias (aunque podría tratarse de casualidades) lo más probable es que fueran anuncios seleccionados por la cantidad de información que las RRSS recopilan monitorizando nuestra actividad o que nosotros mismos facilitamos con la publicación de información privada (comida, amigos, viajes, etc.).

Por otra parte no nos extraña la sospecha inicial. Las propias compañías han reconocido las prácticas “aceptadas por el usuario” (otras no tanto) como escuchas del micrófono por Facebook, lectura del interior de los correos por Google, etc.

En este extremo animamos a que se consulte, si se posee cuenta en Google, las siguientes páginas para conocer qué información tiene de nosotros esta compañía de forma legal (y sin ocultarlo), y que vayamos tomando decisiones sobre vuestra privacidad, un bien que pocos piensan en proteger.

Registros de voz, lugares visitados, búsquedas, etc.

https://myactivity.google.com/myactivity

Personalmente, en este caso me ha llamado mucho la atención en mi registro de voz, que Google no se ocupa sólo de escuchar a ver si digo “OK Google” e intentar reconocer lo que va después, sino que escucha y almacena audio aleatoriamente, que elige recoger cuando le parece.

Información personal para darnos publicidad segmentada por parte de Google.

https://adssettings.google.com/authenticated?utm_source=search-privacy-advisor

Aquí otras compañías y la información que compartimos con ellas

http://www.youronlinechoices.com/es/preferencias/

Estos enlaces nos llegaron gracias a @InerciaCreativa estupendo compañero en Naukas.

Finalemente

Nuestra privacidad y nuestros datos son objeto de intercambio, un producto que se vende a publicistas o que se almacena para usar en el futuro, como hemos visto en numerosos casos.

Como ciudadanos debemos actuar. Hay una acción personal en la discreción y en proteger nuestros datos, hay una acción de vigilancia y denuncia sobre las compañías que los utilizan indebidamente y hay una acción política para forzar legislación que nos proteja.

Profesores por azar

Fuente: Wikipedia

Una de las perlas que nos dejó ayer la Ministra de Educación en su comparecencia fue quejarse de personas que llegan a profesores por azar.

Cuando adjetivamos una palabra, cuando marcamos una situación, siempre se produce una diferencia que la distingue del conjunto de su misma especie. Si hablo del coche rojo, o grande, o del mío; será porque el resto de coches considerados no cumplen alguna de esas características.

Así que, cuando marcamos a la gente que llega a determinada profesión «por azar» será porque el resto habrá llegado por algo diferente al azar.

Primero habría que definir qué es eso de llegar por «azar». ¿Será que en la tapa del yogur le ofrecieron una plaza de profesor? ¿Será que salió a trabajar y abrió la primera puerta que resultó ser de un colegio?

Y los que no llegaron por azar, ¿por qué llegaron? ¿Por el ejercicio de la voluntad? ¿Por el ejercicio LIBRE (glups) de la voluntad? ¿Desde cuándo? Si su voluntad de ser profesor sólo tiene la antigüedad de un año, ¿es «azarosa»? ¿Es libre?

A mis alumnos les mando como ejercicio que revisen sus vidas e identifiquen cómo fueron tomadas decisiones cruciales en ellas, qué participación tuvo su voluntad y qué participación tuvieron otros factores incontrolables (pero determinantes) que podríamos llamar «azar». Como aún viven vidas cortas, les sugiero que pregunten también a sus padres cómo se conocieron, cómo eligieron estudios, cómo eligieron profesión, cómo llegaron a su primer trabajo…  Cualquiera que haga este ejercicio, si no se engaña demasiado, encontrará que su libertad y su voluntad tiene una influencia mucho menor de lo que nos gusta reconocer en sus resultados, por más que sea en lo único que podamos trabajar para mejorar nuestras posibilidades.

Pero no se preocupen, que el resto del discurso de la ministra y sus expertos (o la opinión dominante) ya ha encontrado cuál es ese antónimo tan buscado al «azar». Y resulta que es…. (redoble)… la vocación. Acabáramos.

¿»La llamada del corazón», «La llamada de Dios»?

Tócate las pelotas…

Si ya era difícil definir o identificar si hay alguna voluntad libre en nuestras vidas, ahora resulta que hay que oír la voz de la vocación para poder ejercer un trabajo, porque no se engañen, ser profesor es un trabajo.

Supongo que lo siguiente será realizar un juramento o quizá hacer votos. Esto empieza a parecerse más a un sacerdocio que a un trabajo realizado por un profesional en unas condiciones concretas y durante un tiempo estipulado.

No sé si reconocéis lo peligroso que es todo esto. Pensadlo respecto de cualquier otro trabajo, y cambiad vuestro estatus de trabajador en el de monja o cura. Mirad lo que eso significa respecto a la interferencia en el resto de vuestra vida, disponibilidad absoluta en tiempo y recursos, jerarquías abusivas, etc. No, ser profesor no es un sacerdocio. Basta de tonterías.

Yo mismo he hablado de la conveniencia de que el amor sea lo que impulsa tu vida, incluido el trabajo. Como profesor creo que es importante amar tu materia y a la gente que la enseñas, pero esto puede concretarse en poseer una buena formación en tu materia, disfrutar con ella y tener la suficiente empatía para tratar a tus alumnos con el respeto y cariño que se merece cualquier persona. Si a esto le añades una capacidad didáctica suficiente, tendrás un profesor digno.

Esto me gustaría poder decirlo de cualquier profesión. Si voy a la mercería a comprar hilo me gusta que quien me atienda conozca su materia y me trate con respeto y aprecio. Por supuesto cuando el trato con personas sea más cercano y la situación de las personas que atiendes más demandante, más necesaria será esa empatía, pero empatía, respeto y ya.

Quiero ser un profesional, quiero poder llevar una vida sana, tener un horario y atribuciones concretas y asequibles. No quiero ser el héroe o el mártir de un sistema que está mal diseñado, que cuenta con que la gente trabaje por encima de sus horas y atribuciones para el funcionamiento normal.

Así que no, no quiero irme a vivir al colegio, que todo mi día gire en torno a eso, tener que comprar el desayuno a chavales que les niegan una beca de comedor, pagar materiales a los que no tienen dinero para comprarlo.. no.

Quiero un sistema robusto que provea derechos para todos y que los trabajadores no tengan que vivir explotados para que los usuarios puedan ver sus derechos provistos.

Sé que muchos profesores sacamos a veces nuestra propia estima o nos definimos como personas desempeñando ese papel, contamos nuestras batallas con indignación, pero con un tufillo de orgullo, y es un error, tanto psicológico como laboral. Por eso escribí esta otra entrada con la que tanto os bombardeo en redes «Los profesores son un mal ejemplo».

Por lo tanto, no, Sra. Ministra:

Que la decisión de tomar un trabajo tenga un año más o menos de antigüedad, no me hace más valioso que otro trabajador.

Mi trabajo no es mi religión. Es la forma en la que aporto a mi sociedad en la medida de mis capacidades y es sólo una parte de mi actividad humana que no se agota con mi condición de obrero. (Aprovecho para recordar que por esto mismo siempre repetimos que no formamos obreros en la educación pública, formamos personas.)

Que los trabajos tienen que estar bien definidos y los sistemas bien diseñados. Y, a partir de ahí, hablemos de evaluación del profesorado y de ver si se están cumpliendo las funciones para las que fuimos contratados. Hoy no dejamos de apagar fuegos y hacer más de la cuenta en un entorno hostil y de continua emergencia.

Finalmente, y como un hijo más de esos que nacieron porque nuestros padres no usaban medidas anticonceptivas, como alguien que llegó a esta tierra por el azar de que mis padres se conocieran y practicaran sexo sin demasiadas precauciones, le diré que no me siento un ciudadano de segunda e intentaré vivir con todas mis ganas una vida valiosa para mí y para mi sociedad, aunque, repito, no sea un hijo «vocacional».