¿Son cuidadosos los jóvenes con la privacidad online?

Publicado simultáneamente en Naukas.

Como sabéis, soy profesor de secundaria y hablarles sobre privacidad es mi obligación, no sólo como docente, sino como parte de mi temario.

Pero me resulta tremendamente difícil. Mirad, conversación de clase.

– Chavales, si ponéis una foto de dónde estáis comiendo en RRSS va a verlo mucha gente.

– ¡Claro! ¡Qué bien! PARA ESO lo hacemos.

¿Dónde quedaron Raphael o Alaska con sus «Qué sabe nadie» y «A quién le importa»? Porque parece que hoy, lo tuyo, le importa a mucha gente y LO SABEN.

Preguntados algunos amigos de Naukas, le he estado dando vueltas y os cuento cómo veo el asunto.

Hay quien apunta a que pudiera ser que la privacidad, tal y como la concebíamos hace 20 años ha quedado obsoleta, estando en un nuevo tiempo, con nuevas reglas, como apunta Santiago Campillo, o como también sugiere Joaquín Sevilla recomendando un vídeo de la youtuber Ter hablando sobre el origen de los selfies para reflexionar sobre el concepto de imagen virtual.

Pero es muy interesante la respuesta de Víctor Ruiz sobre este «nuevo» concepto de privacidad, en la línea de que los adolescentes de hoy en día siguen respondiendo a sus padres, como siempre: ¿Donde has estado? Por ahí. ¿Con quién has salido? Con «estos»… y eso si les pillas comunicativos y pasan de los monosílabos, o ruidos guturales. Es quizá, más ajustado, como dice Víctor, que creen que lo que publican no es, en realidad, «público». En este sentido a veces le digo a un alumno que voy a proyectar su cuenta de Twitter en clase, por ejemplo, y se ponen bastante nerviosos. Le pregunto que por qué, que si la tiene abierta la puede ver alguien en Ulan Bator sin mayor problema. Algunas veces, para hacerles reflexionar sobre la privacidad les he dicho que ese día no la iba a abrir, pero que al día siguiente sí, así que, que revisara sus contenidos o que la pusiera privada… y la ponían privada. Conclusión, no les da igual que cualquiera pueda verlo… aunque su configuración sí lo permite.

Por supuesto sigue habiendo cosas que se quieren proteger, los datos sensibles que entienden como «secretos» y no sólo como privados, el PIN de la tarjeta de crédito o las contraseñas de los distintos servicios online, las RRSS, etc.

Iván Rivera opina que quizá no se trate de un «nuevo» concepto de privacidad, sino el retorno al de siempre, al de la tribu, vaya… a la ausencia de privacidad, donde las viejasdelvisillo tenían información puntual de todos, y la compartían con bastante buena disposición. Disfrutamos de un cierto paréntesis de intimidad en nuestras «deshumanizadas» ciudades, pero volvemos al redil… aunque con una importantísima diferencia: Las viejasdelvisillo de hoy en día no comparten su información con la misma ilusión que recopilan la nuestra. Para muestra este momento impagable (min 0:46) en una comparecencia de Mr. Facebook en el Senado, que debería ponerse a diario en la tele y os transcribo.

– Mr. Zuckerberg, would you be comfortable sharing with us the name of the hotel you stayed in last night?

– Um, (chuckles), (pause), uh, No (smiles).

¿Por qué tanta duda? ¿Por qué no? ¿Por qué no quieres compartir esa información que deseas de mí y para la que has generado toda una estrategia comercial de alertas, likes y demás. Una estrategia, como nos recordaba Víctor.

Fijaos que es un ejemplo estupendo de «si no tienes nada que ocultar, ¿qué tiene de malo que sepamos el hotel en el que has estado, y que habrás dejado ya?» Es una información que parece que no tiene ningún valor o peligro pero que no es de la incumbencia de nadie… aunque parece que sí que les importe.

Distinción muy importante esta entre lo que te incumbe y lo que te importa o te apetece saber/inmiscuirte.

Os recuerdo, ya lo hacía Mark también en la comparecencia, que él VENDE esta información a terceros, para que hagan publicidad dirigida, por lo que cobra muuuuucho dinero. Aprovechamos también para traer al foco que nosotros no somos los CLIENTES de las redes, clientes son los que pagan por la publicidad que nos hacen, nosotros (nuestros datos) somos el producto.

¿Y qué tipo de producto somos? ¿Qué harán con esos datos?

Pensemos que para que algo sea un negocio hay que conseguir que produzca dinero. Saber que yo he ido al cine o a correr tiene que tener un interés que pueda traducirse en dinero, si no, nadie pagará por esa información.

Por un lado está la publicidad dirigida, ya sabéis, mucho mejor (más barato y efectivo) mandar anuncios de zapatillas a gente que sé que corre varios kilómetros al día que buzonear en una ciudad portal por portal, piso por piso.

Pero entonces, ¿por qué partidos políticos, seguros médicos y otros agentes similares están comprando esa información? ¿Qué pueden hacer con ella?

El escándalo de Cambridge Analytica (documental en Netflix pronto) y otros parecidos nos muestran que, sabiendo cuáles son nuestras «teclas», pueden hacernos tomar decisiones que pensemos «libres», vaya lo que lleva haciendo la publicidad toda la vida, pero con mucha más capacidad de influencia. Respecto a por qué querría una compañía de seguros médicos conocer tu día a día, te dejo que lo pienses tú.

¿Podría ser entonces que esa distinción que hacemos en la información sensible, entre información secreta y privada, sea un error, porque en el fondo toda la información sensible debería protegerse como si fuera secreta?

Pues diríase que sí, que deberíamos compartirla sólo con quien fuera necesario, controlar a quién se la damos y con quién va a compartirla.

Hace poco hablaba en Twitter con dos buenos amigos que opinaban que no tenía mayor problema poner las fotos de tus peques en Facebook si tenías tu cuenta cerrada y sólo a gente de la familia agregada, pero hay que recordar que Facebook se queda con los derechos de las fotos que sube, y que si no has visto la cara de tu peque en un anuncio es sólo porque los publicistas no piensan que haya salido tan guapo como tú crees. Hay aspectos muchos más sórdidos, por ejemplo, hace poco supe que, pederastas, comentaban vídeos de youtube con una marca de tiempo, para que otros supieran donde iban a encontrar material que pudieran usar para sus fines.

Un punto muy importante que señalaba Javier de la Cueva (experto en estos menesteres) es que lo que «te importa» puede ser un concepto muy dependiente de tus coordenadas espaciales y temporales y lo resumía en tres puntos.

1. El consenso social de hoy puede cambiar.

Lo que haces hoy podría no tener mañana un consenso social. Pone como ejemplo la imagen de la mujer en la publicidad de los años sesenta.

Añado yo, que en el caso de los chavales más jóvenes, olvidan que tendrán varias «vidas»: ahora son hijos y jóvenes, pero mañana serán trabajadores, padres, figuras públicas o con responsabilidades privadas, y que ese vídeo cantando borrachos en cueros no tiene la misma aceptación en todos esos «mundos» diferentes.

2. Lo que se acepta en tu país podría no tener consenso en otro.

Un homosexual puede ser condenado a muerte en determinados países, por ir al ejemplo más claro.

3. Tu comportamiento cotidiano sirve para crear un perfil, que podría hacerte sospechoso de tener conexiones con gente que hubiera ido al mismo sitio que tú en el mismo momento, acusaciones de conspiraciones terroristas, por ejemplo.

Concluye que una cuestión es estar «conectado» y otra la prudencia al dar datos en esas conexiones, al menos bajo estos tres argumentos: temporal, espacial y de perfilado.

José María Mateos compartía un artículo que profundiza sobre la definición de privacidad y «nothing to hide» (nada que esconder) principalmente desde un punto de vista de monitorización desde el estado.

 José Cuesta abunda sobre la peligrosidad de los posibles usos que hagan los bancos, aseguradores… o simplemente, quien te vaya a hacer una entrevista de trabajo y se ponga a mirar en tus redes, o en las bases de datos que hayan comprado.

También fue Jose quien nos informó de que podíamos acceder a (alguna) información que va recopilando Google en la página MyActivity. Personalmente me quedé alucinando cuando vi que me grababan desde el micrófono del móvil aleatoriamente y guardaban esas grabaciones. Cosa muy diferente a estar escuchando y esperar a que se diga «OK Google» para empezar a guardar (mis alumnos pueden atestiguar que salía cantando por Camarón mientras conducía). Recientemente han reconocido que (algunas) de esas grabaciones están siendo analizadas incluso por operadores humanos.

Esta es otro enlace que nos facilitó Jose donde podéis ver cómo se nos están identificando los intereses por parte de Google.

Y otro enlace más para ver qué empresas están recopilando datos nuestros, de nuevo vía Jose Cuesta.

Esto respecto al asunto puramente técnico y de seguridad, pero quizá también cabría preguntarnos sobre aspectos más filosóficos o psicológicos.

¿Por qué querría exponerme tanto? ¿Qué interés tiene mi postre, mi nueva camiseta para el «público general»?

Es cierto que hay quien «monetiza» sus seguidores y en realidad está haciendo un trabajo publicitario pagado para un restaurante o tienda de ropa, pero no es el caso general.

Somos animales sociales, por supuesto, y necesitamos el refrendo y el cariño de los otros, lo que pasa es que esa necesidad suele y quizá debiera (?) proveerse por parte de los círculos cercanos, los amigos (los de verdad) y la familia. Me pregunto si es psicológicamente sano depender del apoyo de mis «seguidores/lectores/fans» para tener el coco medianamente en orden.

Desde luego, que cada uno haga lo que quiera, hay quien dice «empoderarse» subiendo fotos desnudo (hablando de exposición íntima), y frecuentemente no responde a una reivindicación de cuerpos «no normativos», quizá una lucha necesaria, sino a gente que está muy bien, buscando que se lo digan.

A mí me chirría. De hecho he «desgastado» el botón de silenciar en Twitter y he reducido la interacción con quien sólo viene a molestar, porque sí tienen una influencia en mi estado de ánimo. Aunque sigo pecando en pensar que cualquier subproducto de mis procesos mentales, es algo que el mundo debería conocer. A veces serán ideas inspiradas o inspiradoras, pero en otras ocasiones creo que tienen más que ver con recibir un refrendo y psicológicamente, esto ya os digo que me parece que tiene aristas. En fin, estos aspectos, ya que se los mire cada uno.

Conclusión.

La información privada dice mucho de nosotros y si somos descuidados al compartirla puede llegar a quien no queramos que lo hiciera, y que lo usará con fines que no nos gustarán, influyendo en nuestra vida, capacidad de elección, incluso uso de servicios como la medicina.

Difícil camino y difícil de enseñar en un mundo en el que los adultos son los primeros que no hacemos un uso adecuado de las RRSS ni por el tiempo dedicado ni por las actitudes. Así que aprovechemos esta reflexión sobre cómo educar a nuestros jóvenes, para mirarnos en el espejo. Ya que, como acierta a indicar Fernando de la Cuadra (que ya visto mucho, experto en seguridad informática), sus comportamientos son poco diferentes a los nuestros, para mal, seguimos buscando ser el macho alfa, el más popular del recreo. Además de sugerir que usemos mejor el término intimidad, en lugar de privacidad.

Gracias a todos los compañeros de Naukas por sus reflexiones, enlaces, información, controversias… Es un privilegio poder contar con vosotros.

ACTUALIZACIÓN

@Mininacheshire nos alerta de q al pedir precaución a las víctimas podemos incurrir el culpabilizarlas y  en dejar de exigir a los abusadores q sean legales y éticos.

 

¿Deben los profesores tener un comportamiento ejemplar??

Fuente: Wikipedia

En realidad, esta pregunta se suscita por otra más grave aún: ¿Cómo se enseña el Bien?

Creo que hay tantos intentos de responderla como escasos resultados en la práctica.

Muchos diréis que analizando o hablando sobre la empatía, poniendo a la gente físicamente en el lugar de otros más desfavorecidos, recibiendo ejemplos de bondad por parte de figuras como padres o maestros, o incluso la experiencia del dolor o la limitación en diversos grados.

Pero sabréis, como yo, que nada de eso asegura el resultado, incluso el paso por experiencias dolorosas, que pudieran activar la empatía, también produce seres amargados y vengativos contra «el mundo en general».

Pero centrándonos en «dar ejemplo», que es el título original del post, se nos presentan enormes problemas.

El primero es común a casi todas las disciplinas y es la creencia de que los razonamientos puramente formales producen conclusiones aplicables en lo concreto. Me explicaré.

«Un profesor debe vestir adecuadamente» parece una frase que cualquiera firmaría y tan llena de sabiduría que concluye el debate para satisfacción de todos… hasta que hay que concretar «qué me pongo».

Lejos de ser una idea iluminada es un razonamiento circular: «Los profesores deben ponerse lo que deben ponerse», y rinde homenaje a varios ex-presidentes de gobierno que hacían «lo que debía hacerse». Este tipo de expresiones son, en realidad un intento de llamarnos lelos, que confirmamos al aceptarlas.

En ocasiones funcionan, porque hay un acuerdo concreto, no formal, preexistente. Por ejemplo, que haya que ir con corbata. Si todos los participantes ya han pactado esa cosa tan concreta de manera explícita o tácita, la frase formal no añade nada al acuerdo con el que ya contamos.

Pero, ay, cuando nos ponemos a concretar. Sólo hacen falta unos minutos para que andemos midiendo cuantos centímetros sobre la rodilla nos llegan las faldas o como de abiertas pueden ir las camisas. Unos momento y la imagen que te devolverá el espejo será la de un censor totalitario, un mojigato o un guardián de la fe.

Pasa igual en todos los campos. ¿Cuál es la exposición pública adecuada en redes sociales que debe tener un docente, respecto de su ideología política, identidad sexual, actividades fuera del trabajo?

Por supuesto, hablo más allá de las estupideces que se oyen sobre «no adoctrinar» en las que se niega nuestra obligación LEGAL de formar en el respeto a los derechos humanos o de los incumplimentos de la ley. Eso está fuera de discusión.

Me refiero a cosas como: ¿Es inadecuada…

… la militancia política explícita?

… la actuación no anónima en redes sociales sobre temas variados?

… que haga porno gótico por las tardes?

Todas ellas actividades DENTRO DE LA LEY y, en el caso de que se dé el acceso de menores a contenidos para adultos, no es la responsabilidad de los productores de esos contenidos, sino de los adultos a cargo de esos menores. Si unos chavales de doce años ven Pesadilla en Elm Street, no culparé de ello a Freddy Kruger, sino a sus tutores legales.

¿Hay «una moral» que pueda imponérseme más allá del respeto de la ley?

Los docentes que trabajan para organizaciones privadas se ven obligados a pasar por el aro, si quieren mantener el puesto de trabajo, pero esto no es un deber moral, sino el mismo instinto de supervivencia que tiene cualquier otro trabajador que traga para comer.

Pero no creo que nadie a estas alturas defienda que haya docentes que escondan su identidad sexual para que no les echen del colegio religioso, o que simulen estar casados por la iglesia, o que acudan (y lleven a sus alumnos) a actos religiosos para poder mantener los ingresos de los que vive su familia.

¿Habéis oído esta frase: «Claro, si enseñas las tetas en las redes es normal que los alumnos te digan cosas.»?

No, no es normal. No. Nadie tiene derecho a decirme nada sobre mi forma de vestir, de vivir la sexualidad o de comportarme (dentro de la ley) cuando no estoy en mi entorno de trabajo.

Está completamente fuera de lugar y es una falta de respeto que un chaval levante la mano en mi clase y pase a reírse del poco pelo que tengo en la cabeza o del mucho que tengo en el cuerpo (cosa que me hace un peluchín encantador, por cierto). Tampoco tiene ningún derecho a comentar que mis libros le parecen una puta mierda, o que mis películas góticas no son de su agrado.

Si alguien piensa que al ir sin sombrero estoy provocando esos comentarios y tienen derecho a hacerlos en cualquier entorno, se equivoca, y puede que alguna denuncia se lo aclare al que albergue dudas.

¿Os dais cuenta de lo cerca que están estas cosas de «se vestía así, iba provocando», «ella se lo ha buscado», «cómo va a ser violación, si era una puta (no puede elegir tener sexo o no)», etc.?

Las actividades extralaborales son nuestra libertad, en ellas hacemos lo que nos parece, nadie tiene derecho a afeárnoslas o a comentarlas a su antojo en nuestro entorno de trabajo. Es un delito, es acoso laboral.

Que haya quien tenga un entorno laboral tan abusador que tenga que tragar,  que no olvide que está siendo abusado. No lo normalicemos.

Os recuerdo que el respeto no se «gana», el respeto se EXIGE. Es un derecho.

Una amiga me ponía esta pega: «No se trata de si debes o no debes, si no de qué te facilita más tu trabajo».

Pero esto es extremadamente peligroso, porque en un entorno desequilibrado y hostil, efectivamente me resulta más «cómodo» no decir nada si mi sexualidad no es «la normal», o callar mis ideas políticas… o llevar burka.

Otra amiga decía: ¿Cómo podemos conseguir enseñarles que deben tener una actitud prudente en redes sociales si nosotros no la tenemos?

Interesante pregunta, pero vayamos un paso más arriba (ya sabéis cómo me gusta).

¿Debemos entonces alinear nuestras vidas con todo lo que enseñamos? De acuerdo. Empecemos entonces por comportamientos que acortan la esperanza de vida, vaya, que MATAN.

Espero que ningún docente consuma tabaco o alcohol, ni en el centro o sus proximidades (que es ilegal), pero tampoco en el resto de su vida. ¿Qué os parece? Un poco nazi, ¿verdad? Pues mirad, como ejemplo para los chavales peor que publicar «demasiado» tu vida en redes me parece llevar un comportamiento MORTAL.

Como os digo es un asunto extremadamente peliagudo, en el que, si no hay un consenso previo sobre «lo normal y bueno», es necesario concretar, y ese es el momento en el que te conviertes en algo terrible.

Dicho esto y recordando (para algún comentarista despistado) que este que os habla es de las personas más coherentes que conozco (con mis luces y sombras) y que, como podrían atestiguar mis alumnos y compañeros, me oiréis decir las mismas cosas en clases, en claustros, en libros, en posts, en conferencias, en la radio o en la tele… NO puede exigirse ese «ejemplo debido».

Así que, una vez más, en un estado de derecho no hay más moral exigible que la legal.