Manual de prácticas para Python. Desde CERO.

Aquí os dejo un manual de prácticas de Python pensadas para aprender sin tener ningún conocimiento previo.

Pensada para alumnos de bachillerato, pero invitamos a cualquiera que quiera iniciarse a que lo pruebe 😉

Estas cosas que se comparten para el bien de todos tienen un alto coste en tiempo y esfuerzo, así que también se agradece mucho la difusión y aportaciones que queráis hacer. En la imagen se accede a mi cuenta de ko-fi

Y aquí tenéis el manual

Tu vida no es tuya

Niños jugando AMPE

Fuente: Wikipedia

Si alguno pasa el filtro de tan desagradable título, le invito a que me acompañe en unas, tampoco demasiado lisonjeras, reflexiones.

«Yo no pedí nacer» se dice a veces en broma y a veces entre lágrimas, siendo algo muy cierto en ambos casos. Incluso aquellos que creen en realidades trascendentes convendrán conmigo en que la ausencia del recuerdo de esa decisión hace que, en la práctica, el sentimiento sea similar al de los demás.

En nuestra especie los recién nacidos vienen al mundo desvalidos, incapaces de sobrevivir durante un largo periodo de tiempo sin el cuidado de los padres y de la tribu. Como era ayer, es hoy.

El cuidado sanitario, la alimentación y el cobijo no son un «regalo» que se hace al recién nacido, es una OBLIGACIÓN de los padres y de la tribu, como se refleja en los Derechos (sí, con mayúscula) reconocidos internacionalmente y en la legislación particular de cualquier país mínimamente civilizado.

Tu vida, pequeñín, no es tuya, es NUESTRA, la obligación de protegerla y hacerla florecer con la educación, el respeto a la infancia, es DE TODOS. Insisto, no de los padres, DE LA SOCIEDAD y, por eso, pagamos con los impuestos de todos la provisión de los derechos de ese ciudadano que es el niño.

Hasta ahora seguro que me lees asintiendo y preguntándote dónde está la amargura prometida, inflamado en el orgullo por los Derechos de los niños y niñas… Claro, siempre es cómodo el punto de vista de los derechos, pongámonos ahora en el de los DEBERES.

Movamos nuestra posición, ahora ya no somos niños, somos adultos que pertenecemos a esa tribu. Vaya, pues resulta que ahora mi vida no es sólo mía… porque el Panadero este, dice que le debo noséqué hostias a una panda de mocosos que anda por ahí. Cagüentó.

Queridos míos, vivimos en una manada, en una tribu, en una sociedad… juntos, vaya. Eso nos colma de derechos y obligaciones, piensa en unos y otros como un regalo o una carga, pero no olvides que unas veces serás proveedor y otras, usuario, y que sin los que proveen es imposible su existencia. Ambos aspectos están indisolublemente ligados.

Sé que jode sobremanera que alguien cuestione que yo haga «lo que me dé la gana», pero es que la vida en sociedad matiza, limita y condiciona (si lo piensas en negativo), pero a la vez, crea posibilidades, tiempo y seguridad para que el margen de lo que te puede «dar la gana» sea más amplio.

A esto se le añaden nuestros «contratos voluntarios». Aquello de «mi vida es mía y de quien yo quiera». ¿Te has emparejado? ¿Has llegado a acuerdos, límites en vuestra relación? ¿Has tenido un hijo? ¿Tienes amigos y (placenteras) «obligaciones» derivadas de esa amistad, como la compañía mutua? ¿No son todos esos «contratos de cariño» a los que ELEGIMOS «atarnos» ? ¿Y no los hemos elegido porque sentimos que hacen nuestra vida mejor? Ya apuntaba este tema en Papá, has matado a mi padre.

Por supuesto, nadie puede impedirte «romper» todos tus contratos, incluso dejando «deudas» aquí y allá, y largarte a una isla desierta o a la puta jungla, pero… mucho ojo… puede que allí te veas en los debates de los que huías aquí, discutiendo de política alimentaria con un león (en tu nuevo papel de comida) o sobre soluciones habitacionales con un oso en la cueva donde ibas a dormir. Quizá tengas mejor suerte con ellos que con nosotros.

¿Qué ha pasado con la motivación intrínseca?

Moto pequeña con pedales

Fuente: Wikipedia

Los que vivimos la infancia del «Si apruebas te compro la moto», fuimos aleccionados luego como profes con que eso era «motivación extrínseca», ajena a la disciplina particular, un pelín «tramposa» a corto plazo y que, a largo plazo, resultaba poco efectiva para asegurar que los conocimientos perduraran.

Más o menos en la misma infancia disfrutábamos también canturreando con Mary Poppins: «Con un poco de azúcar en la píldora que os dan…».

Y ahora, desgraciadamente, nos vemos ENTERRADOS EN AZÚCAR.

El número de «metodologías», «pedagogías», «innovaciones» (las comillas muy intencionadas) cuyo principal fin y método es edulcorar un contenido que (supongo) que se presume amargo, es legión.

Ya os hablaba de que era un fenómeno común también en los medios de comunicación respecto a los contenidos científicos.

¿Podría ser que ni siquiera quien transmite conocimientos crea que son apasionantes, divertidos, interesantes?

¿Quizá sí los encuentra así, pero no cree que pueda ocurrir para otros?

¿Qué podemos esperar de quien tan poco cree en el propio contenido que quiere contar?

¿Dónde quedó la motivación intrínseca? ¿Dónde el placer de conocer una disciplina? ¿Son idiotas cada uno de los millones de personas que disfrutan realmente con una disciplina?

De acuerdo, busquemos el vehículo para contar nuestra disciplina, pero CREAMOS en ella, en su poder de seducción, de fascinación. Que el vehículo no se convierta en lo principal… o en lo único.

Cuando un juego para aprender se convierte sólo en un juego, cuando hay que plagar de contenido no científico un programa científico para que no sea un tostón, cuando nunca se puede abandonar el vehículo porque sin él, el contenido es insoportable… hemos perdido.

No hay pocos que crean en lo que cuentan y que lo cuenten bien.

Hagan por buscarlos, hagan por buscarme… y su experiencia del mundo crecerá junto con su disfrute. Sin disfraces. Con su propia belleza.

De puristas y sectores críticos… de pactos con el diablo.

El diablo visita a Fausto

Fuente: Wikipedia

Interesantísimos especímenes, que viven en peligrosas regiones. Veamos.

En las administraciones, hay una complicada zona intermedia, donde no eres ni un funcionario de carrera, ni el ministro, donde desempeñas un puesto (más bien) técnico, pero por un nombramiento directo y con derivadas políticas.

Hace poco me llegó un artículo argumentando que nunca debía uno sumarse a este tipo de puestos, ya que el daño que harán esas administraciones al sistema, en general, nunca será compensado por la cuota de bien que uno podría hacer desde esos puestos, de forma que el único comportamiento éticamente correcto era la oposición frontal. Muy claro, yo mismo podría haber firmado eso… salvo por el purismo que trasciende.

La vida mancha, queridos.

El discurso purista es perfecto en el papel, pero también hay que actuar y (casi) todas las acciones en el mundo real tienen, como mínimo, bordes grises.

Sería para mí muy fácil sumarme al purismo, soy funcionario y divulgador científico, es complicado ser más blanco que eso. Pero, ¿son todo el resto de actividades, que la sociedad NECESITA, así de puras? La verdad es que no, y son necesarias, imprescindibles. ¿Cómo trabajar en el sector bancario, por ejemplo, sin tocar zonas grises? ¿Cerramos todos los bancos? ¿Cualquiera que trabaje en uno es un ser poco ético?

Para quien no lo vea claro aún, os confieso que ni siquiera mi actividad es tan blanca. ¿Qué anuncios ponen en el intermedio del programa en el que me han entrevistado? ¿Qué anunciantes están PAGANDO mi entrevista? ¿A quién estoy, por lo tanto, PROMOCIONANDO?

Ni siquiera como profesor, ¿para qué administración trabajo?¿Quién se apuntará mi buena práctica docente para ser elegido de nuevo? ¿Qué leyes estoy apuntalando o, directamente, IMPLEMENTANDO? ¿El segregador bilingüismo, por ejemplo? ¿Estoy parando y plantándome ante la destrucción del servicio público de calidad?

Entonces, Panadero nuestro, ¿dices que «pactar con el diablo» no presenta ningún problema ético? En absoluto, como el resto de actos, también «mancha».

Aquí es donde entran «los críticos», «los independientes». Hace ya tiempo os decía que, en mi opinión, tienen «fecha de caducidad». Os resumo el post: si después de mucho tiempo, tus posturas críticas no alcanzan nunca a mover las decisiones de la dirección, no eres crítico, tú vives de una organización que actúa en un sentido y ellos se blanquean con tu discurso.

Los críticos juegan «de pillo a pillo».

El independiente «se la quiere jugar» al grande colándole medidas que parecen alejadas de sus intereses o sus intenciones, mientras el grande intenta mejorar su imagen con estos independientes, aunque no pretenda dejarse influir por su discurso.

«Pactar con el diablo» siempre será un acto con derivadas éticas problemáticas, una decisión personal pero que afecta a muchos. Por eso tus conciudadanos tienen todo el derecho a opinar, incluso a pedir cuentas de actos que le repercuten.

Cuáles de esos «diablos» no son tan malos como para negarnos a cualquier acuerdo será algo que tendrá que evaluar cada uno, y eso hacemos todos en nuestras vidas más o menos grises.

Lo que sí creo que puede exigirnos nuestra sociedad es la VIGILANCIA CONSTANTE.

En ese juego de pillo a pillo, en esa decisión de justificar (grandes) fines por (no demasiado terribles) medios, la clave del éxito es ganar el juego en lugar de ser un mero instrumento de imagen.

Por lo tanto, VIGILANCIA, CONSTANTE, SIEMPRE. Preguntémonos cada poco: ¿Estamos consiguiendo realmente algo? Si la respuesta es no, entonces, en mi opinión, ya no cabe más decisión ética que reconocer que has sido más pillos que nosotros y abandonar. Todos erramos, otra consecuencia de vivir.

Termino deseando mucha suerte a todos.

  • A los que, en su purismo, se quedaron en la trinchera. Ojalá consigan derribar realmente a ese oponente, antes de que nos coman vivos.
  • A los que se mancharon en aras de un bien mejor, sean mansos como corderos y astutos como serpientes.

Pero, sobre todo, mucha suerte para NOSOTROS. En esos juegos, lo que se apuesta es nuestro pan y nuestra sangre.

¿Hoy también comeremos símbolos?

Fuente: Wikipedia

Triste pensamiento, ¿verdad?

¿Es lo simbólico innecesario, superfluo, inútil, vacío…?

No, no, no… y mil veces no.

Soy físico teórico, aficionado a la filosofía y al arte… imagínate hasta qué punto amo los símbolos.

Nuestra propia comunicación se basa en la simbología, en la abstracción, en representar realidades externas o vivencias internas mediante sonidos o grafías. Quizá podría decirse que nuestra parte más humana reside en esa vida y en ese mundo simbólico en el que nos representamos a nosotros mismos y al mundo.

Pero, ¿y si la realidad es tan hostil que la pura supervivencia en la jungla antigua (o en la moderna) no me dejan ocuparme de nada más que de buscar qué comer y evitar a quien quiere comerme? ¿Podríamos decir entonces que poco espacio le queda para filosofar y disfrutar de la plenitud de la vida simbólica a quien se ve obligado a lidiar con la parte más terrible de la vida animal? ¿Es el deleite de los símbolos el derecho de todos o sólo el privilegio de los estómagos llenos?

Este mundo simbólico no se limita sólo al contenido mental, claro, llenamos nuestras vidas de actos físicos símbólicos y eso es lo que me tiene preocupado últimamente.

¿Qué es un símbolo sin referente? ¿Un dedo que apunta a la nada? Y si no apunta a nada, ¿no será entonces, simplemente, un dedo?

¿Qué es un acto simbólico, cuando es el principio y el fin de la acción, cuando no pretende nada más que su propia ejecución, cuando su realización consume nuestro tiempo y nuestras energías?

Intentaré explicarme, si canto alegres melodías en favor de la lucha contra la pobreza, pero ninguno de los que allí estamos termina haciendo ninguna contribución que alivie el sufrimiento de aquellos más pobres, ni siquiera yo, ¿no será eso un simple concierto, más que un acto contra la pobreza?

¿Veis la diferencia entre un señor atado a un poste a punto de ser fusilado que se pone a cantar (porque NO PUEDE HACER otra cosa) y otros de recursos disponibles y manos libres que también solo cantan?

¿Qué son mis actos simbólicos si no van acompañados de los actos físicos que realmente producen cambios y que me son posibles, en lo individual y en lo colectivo? En el mejor caso ocio y en el peor una forma de disipar energías y ocupar mi tiempo, dándome la sensación (o queriéndosela dar a otros) de que hago «algo», mientras los que no comen piensan en aquello de «Dame pan, y llámame tonto».

Los símbolos aluden a un referente y en último caso el referente siempre somos nosotros, tú y yo. Aquellos actos simbólicos que no terminan procurando una vida más plena en lo físico o en lo interior, son aquel dedo que no apuntaba a ningún sitio… o quizá sólo al ego del que señala.

Todo esto que me ha llevado un tiempo explicar, ya lo sabían nuestros mayores y lo decían en un par de frases bien conocidas.

Obras son amores y no buenas razones.

A Dios rogando y con el mazo dando.

Me gusta mucho esta última, porque no dice «En lugar de a Dios rogando, da con el mazo», no reniega de la acción simbólica sino que la coloca en su lugar: acompañando, explicando, difundiendo, procurando la unión de más gente a la otra, a la que realmente cambia las cosas.

Y termino con una derivada educativa que me preocupa: ¿Estamos enseñando a nuestros pequeños que las luchas, las movilizaciones, el activismo es exclusivamente simbólico? ¿Basta con tuitear y hacer batucadas? ¿Sobre todo cuando está en tu mano un abanico amplio de acciones individuales y colectivas? ¿Es esto EDUCAR?

En mi opinión está muy lejos de ser educativo, al menos en la buena dirección. Y tú, educador, si estás preocupado de que te esté ocurriendo eso, puedes hacer una prueba sencilla. Después de cualquier «movilización mediática simbólica», propón un acto concreto, físico, que realmente aporte algo a esa lucha, por poco que sea. Digamos que si habéis hecho una pancarta sobre la contaminación, limpiad luego el recreo o un parque. Si contra el hambre, haced una pequeña donación de tiempo o dinero en algún lugar donde sea necesaria.

Si notas que todo el mundo quiere quedarse una tarde a pintar una pancarta y nadie a limpiar el patio del recreo, parece claro que estamos educando activistas de salón… que acabarán desayunando, comiendo y cenando sólo símbolos.

La magia del nonius. Medir más allá de lo posible.

El nonius es uno de esos «cacharros» que parecen magia por mucho que conozcas las reglas que lo rigen o seas capaz incluso de construirlos, lo mismo que pasa con el giróscopo.

Lo primero que tenemos que saber hacer es dividir un segmento en el número de veces que queramos, aunque numéricamente no sea demasiado sencillo.

Por ejemplo, dividir un segmento cualquiera en un número de partes arbitrario. Aquí podéis verlo, es sencillo.

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=q0UlaGctcwM] Ahora, asumiendo que podemos hacer eso, vamos a por el nonius.

Imagina que tenemos una regla usual que llega hasta los milímetros y que estamos interesados en poder medir DÉCIMAS de milímetro.

El truco consiste en añadir una regla móvil de la siguiente manera.

Fíjate que lo que hemos hecho es tomar NUEVE milímetros y dividirlo en DIEZ partes, algo que podemos hacer con el truco del que acabamos de hablar. Hasta ahora no hemos necesitado ningún instrumento más preciso que nuestra regla convencional de partida.

La regla inferior es la móvil. A partir de ahora vamos a empezar a moverla y a observar cuidadosamente lo que ocurre.

Todas las figuras que vamos a usar son de Dnu72 y pueden encontrarse en esta página de la Wikipedia.

Primero, y dado que «nos falta» un milímetro, verás que sólo nos coincide la primera línea de la regla inferior con una de la regla superior. Es resto están un poco desplazadas.

¿Qué ocurre si hago coincidir el 10 de ambas escalas? Pues sería una situación parecida, coincidirían las líneas del 10, pero ninguna otra. ¿Cuánta distancia habríamos movido la regla inferior? Un milímetro, que es justo lo que habíamos querido quedarnos cortos.

¿Qué pasa en las situaciones intermedias? Pues si pongo la regla en la posición inicial y la desplazo un poco a la izquierda, coincidirá la línea del «uno de abajo» con una de las de arriba, como podéis ver aquí. Y es la ÚNICA que coincide.

Si lo muevo un poquito más, ahora coincidirá la «línea del dos» y, de nuevo, es la única que coincide. Al «faltar» un milímetro en la escala móvil, sólo nos va a coincidir una línea cada vez.

Total, que según nos vamos moviendo, nos irán coincidiendo las líneas una a una hasta llegar a que nos coincidan los dos 10.

Aquí, por ejemplo, coincide la línea del seis (recuerda, nos importa la línea que coincide abajo, no con quien coincide arriba. La de arriba es la línea de los siete milímetros, pero ¡la de abajo es la del seis!)

Resumamos, porque acaba de producirse la MAGIA.

  • Desde que nos coinciden los ceros hasta que nos coinciden los 10, la distancia recorrida es un milímetro.
  • Durante ese movimiento van coincidiendo las diez líneas dibujadas, una a una.
  • Que están igualmente espaciadas…

Pues, compañeros, cada vez que te coincida una línea habrás avanzado ¡UNA DÉCIMA DE MILÍMETRO!

¿No es impresionante?

Con una regla que sólo puede medir milímetros y un poco de ingenio, puedo medir ¡décimas de milímetro!

Aquí tenéis un simulador en el que podréis ver cómo sucede lo increíble

Este artilugio que se llama nonius va acoplado a multitud de aparatos de medida, quizá el más común, el calibre.

Es una herramienta imprescindible en cualquier taller, como ves, lista para medir exteriores (abajo), interiores (arriba) y profundidades (derecha), leyendo la medida siempre en la misma escala.

De la página del simulador os pongo esta captura para contaros cómo se lee la medida.

La manera de leerlo es la siguiente. Primero leemos los milímetros que llevamos pasados, es decir, que ya haya superado el cero de la regla móvil. En nuestro caso 12.

Después sumamos tantas décimas como el número de línea de la escala inferior que coincida con una línea de arriba. En nuestro caso 4.

Así que esta medida son 12,4 mm.

Si te fijas en el dibujo, efectivamente el cero ha pasado del 12 y está ligeramente por debajo de la mitad de ese milímetro.

Por supuesto os he contado una versión sencilla para que entendáis el ingenioso artificio. El que quiera ver diferentes maneras de implementarlo para obtener distintos alcances en la medida y sus fórmulas generales, puede consultar la entrada de Wikipedia, donde encontrará un detallado análisis.

Importancia del contenido, tiempo dedicado y peso en la nota

Fuente: Wikipedia

Estas tres cosas: Importancia de un contenido, tiempo/esfuerzo que se le dedica y peso en la evaluación final, son tres elementos que deberían tener una fuerte relación entre ellas y no siempre ocurre así.

En estos comienzos de curso es extremadamente importante que le paséis este «test» a vuestros diseños de asignaturas, de cualquier nivel. ¿Le dedico tiempo suficiente a este contenido que considero tan importante? ¿No es este trabajo demasiado costoso para el peso que tiene en la calificación final?

Es una manera sencilla de repartir tiempos, esfuerzos, partes en exámenes y pruebas.

Hay tendencias que nos apartan de esta sencilla lógica. Por ejemplo, le solemos dedicar mucho tiempo a cosas que son difíciles, aunque sean excepciones, asuntos tangenciales, o no vayan a tener peso en la calificación final.

También es frecuente que nos extendamos en asuntos que nos interesan a los docentes o de los que sabemos más sin tener en cuenta la importancia relativa que puede tener en el contexto de la materia que impartimos.

Además en estos tiempos absurdos (matemática y pedagógicamente) de «estándares», rúbricas y demás formas de atomizar la evaluación, nuestra incoherencia entre estas tres «magnitudes» puede ser detectada por nuestros estudiantes cosa que hace que dejen de pensar en aprender y se vuelvan «calculadores».

Por ejemplo, si les mando leer dos libros y hacer dos trabajos escritos y esto va a ser un punto en la calificación final. ¿No harían mejor en dedicar ese tiempo a estudiar mi materia u otra y sacarme un NUEVE, tranquilamente?

Esta actitud, que nos molesta profundamente a los docentes que queremos enseñar, no sumar decimales, también se minimiza manteniendo las tres cantidades (importancia, tiempo y peso) en un mismo orden, de forma que quien obvia algo poco importante, gana sólo un poco de tiempo y pierde sólo un poco de nota, en cambio quien pretende soslayar algo de importancia crucial, aunque ganará mucho tiempo, no será capaz de pasar la asignatura.

Hazlo una y otra vez. Otro ejemplo, si tienes que confeccionar un examen «final», adscribe porcentajes a los contenidos y limita la participación de cada uno en el conjunto del examen.

No es nada difícil y da muchas alegrías. Que tengáis buen curso.

Por cierto, ¿y si hacemos eso también con el resto de elementos de nuestra vida: buscamos la proporcionalidad entre tiempo, importancia y recompensa (a cualquier nivel)?

Esto, como tantas cosas, lo aprendí de mi hermana Mª Carmen Fernández Panadero, a quien dedico este post.

¿Por qué aplaudes? El mediocre del que hablan, eres tú

Hace pocos días apareció un artículo criticando la mediocridad que fue muy aplaudido y compartido en redes.

Es curioso que nadie se siente aludido, cuando la inmensa mayoría, por pura estadística, no podemos ser otra cosa que mediocres. Así que, queridos, estaba hablando de nosotros, y no demasiado bien.

Supongo que, ahora sí, miráis con el ceño fruncido al bufón que dice la verdad descarnada, pero si me tenéis un poco de paciencia creo que nos entenderemos.

Desde el punto de vista absoluto, no somos excelentes, eso es algo tremendamente escaso. No te tropiezas en el metro todos los días con Cervantes y Cajales.

Tampoco es cierto que todo el mundo sea excepcional en algo, en cambio, lo que sí que es cierto, es que todo el mundo es mediocre en la mayoría de las cosas, incluidos aquellos que destacan en alguna actividad.

Sin embargo, desde el punto de vista relativo, se viven enormes proezas a diario. Todos estamos en nuestra frontera particular en cada campo luchando por ganar unos metros. Desde un niño que intenta colorear «sin salirse» al deportista que busca mejorar su marca personal (por poco competitiva que sea comparada con el record mundial).

Estas aventuras, estas hazañas, estas emociones que suceden en «La zona intermedia» son la pura representación de lo que es ser humano, en toda su pluralidad y diversidad. Quien quiera negar eso, se niega a sí mismo.

Ese es uno de los graves defectos de ese artículo, aplicar con carácter negativo el adjetivo «mediocre» sobre los resultados y no sobre los procesos. Ese sandwich mixto que critica (una de mis cenas favoritas) puede ser una gesta culinaria de un niño que esté aprendiendo a cocinar.

Otro defecto es aludir de forma implícita a un pasado mítico. En este caso, donde todo estaba en manos de gente de maestría incomparable. Se parece a cuando te dicen que te imagines en la Edad Media, y te ves como un príncipe, caballero, erudito… no como un siervo viviendo media vida. Y ese es tu lugar, querido mediocre, el correspondiente al nivel de la escala social a la que perteneces hoy.

Las cifras nos dicen lo contrario: nunca ha habido más cultura, libertad o salud y, sobre todo, accesible a más gente.

Y el gran error final es no darse cuenta de que las ideas: «Estamos mejor que nunca» y «Aún no es suficiente» no son contradictorias.

Disfruten de sus aventuras en la Zona Intermedia, celebren sus logros y no renuncien a ser mejores. Así de sencillo, queridos mediocres… ¡y a mucha honra!

SPSS y Python, cómo leer y escribir datos

SPSS es un programa para hacer estadística bastante popular (y propietario, IBM).

Por supuesto tiene muchas funciones de las más comunes integradas y, como en cualquier software, si tienes experiencia no es difícil ir bastante rápido en las tareas más comunes.

El problema es cuando quieres hacer algo no tan común, pero para eso se pueden hacer pequeños «pedazos de código», scripts, en lenguajes como Python y r, siempre que estén instalados los plugins correspondientes.

Me veo en estas cosas por echar un cable (como tantas veces me lo echan a mí). La cuestión es que para calcular el valor de una variable en un registro necesitábamos acceder a otras variables de OTROS registros y hacer algunos bucles. Algo trivial en Python, pero que no acabábamos de ver cómo hacer en SPSS (quizá mi desconocimiento). El caso es que al final, después de unas cuantas vueltas y de consultar en varios sitios, conseguí encontrar la manera de leer una variable, convertirla en una lista (lo que me permite hacer los cálculos en Python que desee) y luego escribir otra lista en la variable que quería calcular.

Quizá os parezca sencillo… pero a mí me hubiera encantado encontrar este post el tiempo que anduve buscando, así que lo escribo.


BEGIN PROGRAM.

import spss                                #cabecera
spss.StartDataStep()
datasetObj = spss.Dataset()
numColumnaVar1=0               
#aquí tienes que poner el número de la columna en la que está cada variable, empezando a contar por 0
numColumnaVar2=1
numColumnaVarResultado=2
var1=[]                               
#inicializamos los arrays vacíos para luego usar el método append e ir rellenando
var2=[]
varResultado=[]
for i in range(len(datasetObj.cases)):               
#leemos ambas variables (los índices empiezan en cero)
    var1.append(datasetObj.cases[i,numeroColumnaVar1][0])   
#cases lee como si fuera un vector de un componente, así que al poner [0] elegimos el primer elemento
    var2.append(datasetObj.cases[i,numeroColumnaVar2][0])    

AQUÍ HACEMOS EN PYTHON LO QUE QUERAMOS CON LAS LISTAS QUE HEMOS CREADO var1, var2, etc.

FINALIZAMOS SUBIENDO LOS VALORES A LA VARIABLE VACÍA EN LA TERCERA COLUMNA QUE HABREMOS CREADO A MANO EN SPSS

#escribo la variable en la tabla usando el varResultado
for i in range(len(datasetObj.cases)):                   
#i es un índice que recorrerá todos los registros
    datasetObj.cases[i,numerocolumnaVarResultado]=varResultado[i]            
spss.EndDataStep()                    #finalización
END PROGRAM.

Del código que ves escrito sólo tienes que tocar los números de columna origen y destino, recordando que empieza la cuenta en cero.

numColumnaVar1=0                
numColumnaVar2=1
numColumnaVarResultado=2
Por supuesto, tendrás que repetir el código si quieres «tomar» más variables de la base de datos o si quieres al final escribir más variables como resultado.
Paso a explicaros el código paso a paso.
Todo el código está encapsulado entre las instrucciones BEGIN PROGRAM. y END PROGRAM.
«Cabecera»
import spss                                
spss.StartDataStep()
datasetObj = spss.Dataset()
Con estas instrucciones conseguimos que Python pueda tratar el conjunto de datos como un objeto, con sus correspondientes atributos (propiedades) y métodos (funciones), que serán las que usemos para extraer los valores, primero ,y subirlos, después.
Identificación de variables por columna
numColumnaVar1=0                
numColumnaVar2=1
numColumnaVarResultado=2
Usamos estas variables numéricas para luego decirle al programa de qué variables de SPSS tiene que leer los datos y en cuál escribirlos. Ojo en esta última, porque, si te equivocas, vas a sobreescribir una variable en la que podrías tener datos. Asegúrate de que está vacía y de elegir bien los números ANTES de ejecutar el código.
Lectura de datos.
for i in range(len(datasetObj.cases)):                
    var1.append(datasetObj.cases[i,numeroColumnaVar1][0]) 
Hacemos un bucle con tantas iteraciones como longitud (len) tenga la base de datos.
Añadimos cada lectura en una posición de la lista que habíamos creado para ello (var1).
Importante el [0] del final, porque cada lectura la toma como un lista, aunque sólo tenga un componente. Al añadir esto, le decimos que lea el valor de la variable i (lo tomará como lista), que elija el primer valor de esa lista de números, que sólo tiene uno (!) (el número [0]) y que lo guarde como elemento i de nuestra lista, la var1.
Si no pusiéramos que cogiera sólo un elemento nos quedaría un vector de vectores: var1= ([35],[22],[17]…)
Cuando ya tenemos las variables en Python, ya tenemos toda la libertad y facilidad que nos da programar en un lenguaje tan versátil.
Subir datos
Después de haber hecho todas las perrerías que quieras en Python, sólo te queda subir los datos que has ido añadiendo a varResultado.
Como definimos varResultado como un array vacío, en tu código acuérdate de llenarla usando el método append. Si esto te viene mal o te da problemas, inicia el array dando valores.
for i in range(len(datasetObj.cases)):                   
    datasetObj.cases[i,numerocolumnaVarResultado]=varResultado[i]
Así que hacemos un bucle en el que vamos escribiendo en cada registro (hasta completar la longitud de la base de datos) los valores calculados, en la columna elegida al principio. No tiene por qué ser sólo una variable, podéis subir tantos resultados como deseéis.
OJO DE NUEVO, que si escribís esto en una variable en la que ya tengáis datos, los perderéis.
Cerrando
spss.EndDataStep()                    #finalización
END PROGRAM.
Con esto se completa el script.
Es un código muy simple, también se pueden crear y dar formato a las variables desde Python, pero creo que un usuario básico de SPSS hace eso con la gorra y meter esto por aquí os haría más lío.
Como lo más probable es que no tengáis que crear un conjunto grande de variables, estamos hablando de que tardáis un minuto. Si necesitas automatizarlo, porque sean muchas, considera hacerlo desde Python o desde r.
El detalle de todo esto y muchas más cosas podéis encontrarlas aquí en la Python Reference Guide for IBM SPSS Statistics
Lo nuestro está en la página 55 y siguientes.
Espero que os sirva.
Juntos somos más.