¿Es ciencia si no se comunica? ¿Es lo mismo investigador y científico?

Fuente: Wikipedia

Tenemos debate en las redes a cuenta de esto.

Todo esto va precedido por IMHO… bueno, mejor, IMNSHO (In my not so humble opinion).

Creo que se trata básicamente de un problema de terminología, aunque pudiera haber por debajo una discrepancia más filosófica.

La ciencia es la aproximación empírica a la búsqueda de la verdad. Intentamos evitar creer a pies juntillas en lo que las cosas «parecen» ser, tanto por su apariencia como por cómo las percibimos e interpretamos.

El criterio para solucionar esto en otras aproximaciones al conocimiento puede ser el argumento de autoridad (lo que dice papá/mamá/el profeta/el libro sagrado…), el pensamiento propio, lo que «sientes» por dentro o por fuera. Pero en la ciencia somos empiristas.

Eso tiene que ver con el contraste de lo que «nos parece» (nuestras hipótesis) con lo que consideramos real. Esto tiene serios problemas, en ciencia se suele zanjar con decir: hagamos experimentos y que estos sean reproducibles e independientes del observador (objetivos vs. subjetivos).

No siempre es tan sencillo ser reproducible (en observaciones de eventos astronómicos, por ejemplo) y la independencia del observador (o del sujeto experimental (en ciencias sociales o medicina, por ejemplo) tampoco. Para eso arbitramos experimentos a doble ciego y otras técnicas.

Pero sobre todo esto sobrevuela nuestro gran «truco» para ser objetivo que es la revisión por pares. Los descubrimientos a los que llegamos son puestos por escrito en detalle y esos textos leídos por investigadores que dilucidan si lo que decimos suena razonable y confiable, permitiendo su publicación en caso afirmativo. Ojo, no se replica el experimento antes de publicarlo, sólo se evalúa lo que decimos. Más adelante otros investigadores de nuestro campo intentarán replicarlo y ver si sus resultados están de acuerdo con los nuestros.

Este sistema adolece de muchos defectos y da lugar tanto a publicaciones falsas como a rechazos de investigaciones ciertas, pero es el menos malo que conocemos.

Lo que no hay que olvidar es que todo esto no forma parte del empirismo inicial, sino que es una manera de intentar garantizarlo. Para algunas materias, como los estudios médicos, es imposible llegar a ninguna verdad científica en la que no concurran miles de personas, entre investigadores y pacientes. En cambio, hay leyes físicas que pueden descubrirse y redescubrirse en la soledad del laboratorio las veces que queráis, como las ondas electromagnéticas.

De esta forma, podemos asumir que la comunicación a la comunidad científica de los descubrimientos es, a día de hoy, parte imprescindible de la garantía empírica de la producción científica.

¿Es eso «divulgación»? Pues depende.

El término divulgación está tan cambiado de significado (como tantos) que si no pactamos antes qué significa no tiene sentido que sigamos conversando.

Si entendemos por divulgación cualquier comunicación científica más allá de los investigadores implicados, entonces diremos (bajo la obligatoriedad de la revisión por pares para garantizar el empirismo): Algo no es ciencia si no se ha divulgado.

Si entendemos como divulgación la transmisión de conocimiento sofisticado al público lego en esa materia, al vulgo, entonces, podemos tener ciencia sin que esta haya sido divulgada.

¿Queremos decir que la divulgación, en esta acepción, no es buena o necesaria? En absoluto.

Como nos recuerda con acierto, siempre que puede, Natalia @bynzelman, no solamente es necesaria o conveniente, es un DERECHO HUMANO reconocido y firmado por la mayoría de los países.

Voy más lejos, es un puro contrato mercantil, tan antiguo como el trueque.

¿Quién paga las investigaciones en organismos públicos? ¿Quién paga las subvenciones a la investigación en las empresas privadas? Efectivamente, la sociedad. Nosotros.

Por lo tanto, la divulgación a la sociedad en su conjunto es, no sólo un derecho, es además la justa retribución a quien paga de los resultados obtenidos con su dinero.

Así que, alguien debe hacerse responsable de divulgar ese descubrimiento a la sociedad, por derechos humanos y porque estamos pagando… pero no se convierte en ciencia en ese momento, lo es desde antes.


Y me disculparéis que os añada la segunda pregunta en el título, pero me recuerda mucho una controversia a otra.

¿Cómo definimos científico? Ya lo discutimos en otro post. Os resumo.

Si científico es sólo aquel que produce ciencia, entonces son sólo un puñado de personas, en momentos puntuales (salvo que demos por válido todo el proceso, incluso si no llega a ningún resultado positivo), deja de serlo en cuanto abandona la actividad investigadora, aunque haya estado cuarenta años dedicado a ello.

Cuando una definición deja fuera a gente que el sentido común nos indica que deberían estar dentro… quizá sea el momento de revisarla.

Yo no le quitaría el estatus de científico a un investigador jubilado.

Quizá podríamos usar el término investigador, para que el que está o ha estado dedicado a la labor de la producción científica, pudiendo matizar aún más diciendo «investigador en activo».

¿Qué hacemos con el término científico?

Perdonad que me ponga como ejemplo.

Soy físico, especialidad física fundamental. Sólo por conocimientos sobre la naturaleza de las cosas, me niego a que nadie me tilde de «no científico»… en tanto que no quiere adjetivarme como «científico».

Pero es que además, llevo más de dos décadas dedicado a la enseñanza de la ciencia y por lo tanto a la imprescindible formación de algunos que luego han devenido en investigadores. ¿No soy, por esto tampoco, parte de la comunidad científica?

Aquí podemos establecer una zona intermedia y llamar científicos a aquellos que por su formación o por su trabajo andan necesariamente implicados en actividades que se relacionan intensamente con la ciencia.

Pero a mí me gusta extenderlo aún más, me gusta hablar, más que de científicos, de personas con actitud científica. Y aquí cabemos todos.

Una persona con mínimos estudios que, habiendo escuchado un «rumor» sobre que algún «remedio» cura o no cura, acude a una fuente de la comunidad científica que se base en la evidencia conocida, me parece que puede ser mucho más científica, en su actitud, que un químico que consuma homeopatía.

Así que yo lo dejaría así: Investigadores en activo, investigadores, científicos y personas con actitudes científicas.

Una vez más, me preocupo de poner la ciencia al alcance de todos… no digáis que no molo.

¿Confiamos demasiado en la racionalidad?

No os creáis que es sólo por hacer publicidad de La Cordura de Saberse Loco que acabo de publicar, es que creo que no acabamos de tener claro, cuán frágil es esta capacidad nuestra.

Nuestro primer error es pensar en que el razonamiento lógico produce contenidos, que nos puede decir qué cosas del mundo son ciertas y cuáles no. Falso.

La lógica que usamos y estudiamos es una forma de manipular contenidos ya existentes, pero es algo puramente FORMAL. Te dirá que es contradictorio que afirmes a la vez que está lloviendo y que no está lloviendo… pero no te resolverá si está lloviendo o no.

Entre los que nos dedicamos a la divulgación científica y actividades próximas es muy popular hablar de falacias lógicas, donde sí que estamos cometiendo esos errores «formales». Por ejemplo, entrando en contradicción, como os decía antes, o con argumentos que no constituirían una prueba lógicamente válida, como el argumento de autoridad (Un premio Nobel afirma que…).

Detengámonos un momento en esto. «Un premio Nobel afirma X» es un argumento lógicamente inválido, eso nos dice la lógica, pero no nos dice nada sobre la proposición X, que podría ser cierta o falsa, sólo que así no queda probada.

También es interesante observar que la lógica que usamos tiene sus problemas, por ejemplo, asumir que «No X» es lo contrario de X y que no pueden darse a la vez (principio de no contradicción) podría ser mucho asumir, no es algo deducible lógicamente, es un «principio» que tomamos por bueno. De forma similar, asumir que las cosas pueden ser verdaderas o falsas y nada más, la lógica binaria, también podría ser una imposición demasiado fuerte a la realidad, otro principio que tomamos. Y todo esto sin entrar en el follón que nos metió Godel cuando nos contó que estos sistemas lógicos, como las matemáticas, tienen fallos estructurales de imposible resolución que se asoman en proposiciones autorreferentes como «Esta frase es falsa».

Si queréis obviemos todo esto por un momento y asumamos que, respetando las leyes de la lógica, podemos producir argumentos sólidos. La cuestión, insisto, es que esto es algo puramente formal y que necesita «comida» para funcionar. Necesita contenidos.

¿De dónde tomamos esos contenidos? ¿Cómo los validamos? Ese es el problema de elegir un criterio de certeza, una piedra de toque que nos dice qué cosas son ciertas y qué cosas no. Para alguien puede ser lo que pone en un libro sagrado, o lo que sus sentimientos le indican, o lo que sus ojos le dicen… en ciencia nosotros tomamos el criterio empírico. Así que desconfiamos de la veracidad de lo que no puede ser medido de forma no subjetiva. Ya veis que aquí hay otro salto filosófico importante.

De acuerdo, ya tenemos la estructura lógica como forma de manipular contenidos y la manera de obtenerlos… pues ya está, ¿no?

Pues no es tan fácil, tampoco. ¿Qué son los datos? ¿Cuándo son suficientes? ¿Cuándo están bien tomados? La propia ciencia ha asumido criterios estadísticos para ver si sus hipótesis sobre el mundo están siendo probadas o descartadas con ciertos experimentos. Aquí tenéis unas interesantísimas precisiones que hace Iñaki Úcar y también son muy conocidas (y apreciadas, por aquí) las críticas al método científico que la gente cree único e infalible, que comparte con frecuencia César Tomé.

La toma de datos siempre será sesgada por limitada, como poco. Decir que vinieron tres chicas a mi cumpleaños es un dato, pero faltan muchas cosas. Imagina que vinieron tres chicos, o trescientos… ¿a que ya no significa lo mismo? ¿Y si te digo que esas tres chicas son las únicas supervivientes de un cataclismo? Contextualizar los datos no es sencillo.

Además en el tratamiento de los datos construimos relatos, que son los que transmiten las ideas que contamos y que se apoyan en ellos, que se apoyan y que son compatibles con ellos, pero no que resultan probadas por ellos.

Me suele molestar cuando dicen que van a enseñar retórica a los alumnos, preferiría que les enseñaran contenidos, porque acentuando una cosa y desatendiendo otra, acabaremos teniendo vende-humos, bien por ignorancia, bien por maldad.

En todo esto aún no hemos mencionado lo frágil que es la memoria y lo afectada que está nuestra «pura» capacidad de razonar por los sesgos cognitivos, con lo que de nuevo se pone muy en tela de juicio los productos de nuestra mente.

Todos los días y en todos los lugares hay personas que han sido convencidas por otras usando estupendas argumentaciones y datos más o menos ciertos, más o menos contextualizados, de las cosas más variadas, ciertas y falsas, buenas y malas… por cierto, ¿qué es bueno? ¿Lo que me favorece a mí? ¿A la sociedad? ¿Lo que me apetece? ¿Lo que no me hace daño? ¿Qué pasa cuando mi interés colisiona con el de otro, con el del grupo?

Insisto, todos los días se nos convence de cosas a todos, de formas poco elegantes en lo científico y en lo formal. ¿Crees que a ti no? Si piensas que eres tan listo, es una prueba de que no lo eres.

¿Estás dispuesto a poner en cuestión tus principios? ¿Todos? ¿Cuáles son inviolables?

¿Estás dispuesto a escuchar los argumentos de Thanos, que opina que hay que cepillarse a la mitad de la población del Universo, porque, en caso contrario, moriremos todos por falta de recursos? Si aceptas sus «datos» su conclusión es bastante buena. ¿Son buenos sus datos? ¿Ves que no es una cuestión formal?

Si tienes principios que no estás dispuesto a discutir, ¿en qué te diferencias de otras personas que llamas «cerradas» cuyos principios indiscutibles tú sí discutes? ¿Cómo te llamaría yo, si pongo en tela de juicio los tuyos? ¿No ves que es sólo una cuestión de que la línea esté un poco más allá o un poco más acá? ¿No ves que es una cuestión de contenidos y no formal? Por ejemplo, para ti podría ser que la vida humana fuera un bien absoluto y no sacrificable por nada, mientras que para otros podría ser algo negociable (por su propia vida, la de su familia o dinero).

Yo tengo mis principios indiscutibles, algunos me los impone la genética, otros mi cultura, otros mi experiencia, otros, creo que son elección mía, pero ninguno es «conclusión lógica» de nada, o si pensáis que lo es, se trata en realidad de una derivada de otro principio más fundamental, que haya sido asumido.

Así que, aunque os parezca poco científico, cerril, o como queráis verlo, no tengo interés en meterme en largas conversaciones sobre si hay que exterminar o no a los judíos, negros, fontaneros por la razones que quiera esgrimir el que hable así, ni a consultar los datos que me quiera presentar… porque soy suficientemente listo para saber que no lo soy, o para creer que estoy más allá de su capacidad de convencerme, y porque no estoy dispuesto a renunciar a ese principio por ningún dato que me aporte.

Por las mismas… tampoco entro en conversaciones con los comerciales.

Supongo que a algunos os resultará descorazonador leerme porque descansabais confiados en la certeza de vuestra mente y la capacidad de razonar. Convengo con vosotros en que es de lo mejor que tenemos y que sus productos son de lo más confiable que nos encontramos por aquí, pero lo que no puedo dejar de deciros es que no hay certezas mentales, y que vivir consiste en cabalgar la incertidumbre.

Feliz lunes.

Ciencia y religión, ¿compatibles?

08012011251Mucho se habla sobre esto… o quizá no lo suficiente.

Se ocupan de cosas diferentes, ¿o no?

Quizá yo mismo haya dicho en ocasiones que la ciencia sólo se ocupa del cómo, mientras que la religión se ocupa del porqué, pero ambas intentan explicar «el mundo», ninguna se pone límites.

Si le das a la ciencia datos objetivos y comprobables, o bien la manera de reproducir una aparición mariana, ya verás si se ocupa o no se ocupa.

Por otro lado, ¿no es un deseo de cualquier persona religiosa ver funcionar «de verdad» sus oraciones o sus creencias? ¿De manera clara y comprobable en el mundo físico?

En mi opinión ambas intentan dar una explicación «correcta» y completa del mundo y les encantaría que «funcionase».

¿Cómo pueden los científicos ser religiosos?

a) Disonancia cognitiva

Aunque un buen amigo me acuse de vez en cuando de esto, es en otros muchos donde lo veo contínuamente, quizá por aquello de la viga…

Es sencillo de explicar.

1. En el laboratorio: F = m·a, e = v·t, etc.

2. En casa: tradiciones, creencias, emociones, opiniones…

Quizá no afrontamos el problema porque es estremecedor: Nada de lo que medimos parece indicar que haya ningún propósito en nuestra vida o en el Universo y, en tanto que así sea, y que no necesitemos esa hipótesis para explicar los fenómenos observados, deberíamos (científicamente) descartar esa idea.

Las emociones, el amor, la búsqueda de propósito… podrían muy bien ser simples «accidentes» de nuestra forma de vida que han resultado evolutivamente favorables y así han llegado hasta nosotros. Pura ilusión.

¿Entonces?

¿Creemos en que esto es cierto y cerramos los ojos, mientras nos sumergimos en la ilusión del amor y el propósito?

¿Simplemente no lo pensamos y le anotamos un grueso muro entre los razonamientos que hacemos en el laboratorio y la manera «tradicionalmente razonable de vivir la vida?

b) Alguien tiene que ganar…

Si no nos satisface sumergirnos en lo que creemos falso o vivir dos vidas paralelas, si queremos tener un pensamiento medianamente coherente, hay que decidir quién gana…

Una opción es aceptar que todo es una ilusión y vivirlo así (o dejarse morir). ¿Hedonismo, cinismo o suicidio? Joder… Desde luego no lo llamaremos «opción feliz», por los resultados en la gente que lo practica.

Otra opción sería querer creer que la ciencia que conocemos es un «subconjunto» de las verdades del mundo, o que las leyes de la física son como funciona el mundo «por defecto», pero que la intervención de la «cosa» trascendente en la que uno crea, puede modificarlas.

En este segundo caso, se vive la ciencia como algo necesariamente incompleto, y, sobre todo, que no es capaz de responder a las gravísimas preguntas que uno se sigue haciendo sobre el propósito o el amor. Y, peor aún, hay que buscar esas respuestas en lugares no científicos perdiendo nuestra «piedra de toque» de lo experimental y medible, teniendo que confiar en autoridades externas o pálpitos personales. La única solución «científica» en esta opción sería la percepción directa de esa «trascendencia», que debería ser susceptible de una prueba externa que evitara a tal buscador la duda de distinguir la experiencia mística de los desvaríos de un loco. Si vives en Matrix y eres Neo, debes poder esquivar las balas.

¿Entonces qué hacemos? ¿Qué hace la gente?

En mi opinión, la opción más popular es la disonancia cognitiva, como os decía al principio. Mucha gente de ciencia que conozco se conduce con un materialismo escéptico en todo lo referente al mundo material y después son personas que tienen y buscan propósito en lo personal, en lo que hacen, que dedican gran cariño y energía a hacer del mundo un lugar mejor, y que quieren a los suyos y a mí. De forma que perciben como esencialmente diferentes el amor por sus padres y el que tiene un conejito por los suyos.

Hay alguno por ahí que, creyendo firmemente en la ilusión del mundo, traiciona constantemente eso siendo una bellísima persona. «Le traiciona el corazón, como le solemos decir, los magufos que le admiramos y le queremos».

Sin duda hay también personas, en diversos tonos de gris, que no acaban de disfrutar de la «vida normal» atormentados por percibirla tan ilusoria. ¿Sabios tristes, quizá?

Y, finalmente, también estamos, digo están, los «científicos-magufos», aquellos que piensan que siendo ilusorio lo percibido, quieren creer que al disiparse la niebla hay algo. No se discute lo ilusorio de lo aparente, la discusión estriba en qué queda cuando se desvanece.

Pero, como os decía, para estos sigue el enorme problema, la espinita clavada, de querer un conocimiento cierto y que funcione, que colme el ansía de propósito y dé sentido al amor, y que no sea un «mal viaje» o un desvarío.

La vida no espera a que estés en condiciones de tomar una decisión para obligarte a tomarla. Ha sonado el despertador y tengo que vivir el día de alguna manera, ¿cuál será?

Querido, tú decisión tendrá que ser tuya. Si te interesa la mía… Quien ama parece más feliz, y es lo que me pide el cuerpo o el alma o la evolución (?). Así que, ¡apuesto a querernos!

Hasta la certeza, que tengas buen viaje.

Ciencia y creencia, algunas ideas

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Sólo recordar algunos puntos.

La ciencia no se ocupa de “todo”

La ciencia se ocupa de los “hechos científicos”, aquellos que:

– Son reproducibles

– Son objetivos, independiente del observador

La ciencia no dice que sea falso lo demás, simplemente no se ocupa de ello.

No he repetido todos los experimentos, pero podría hacerlo.

Los científicos no han hecho todos los experimentos, pero podrían hacerlo, podrían seguir la «receta» y les saldría lo mismo.

En la práctica los experimentos son repetidos por varios grupos con lo que se comprueba su reproducibilidad.

Poniendo un ejemplo más cotidiano, no es lo mismo que yo acepte desde el punto de vista científico que existe Mérida, aunque nunca haya estado (pero puedo ir cuando quiera) a que tenga que aceptar que los burros cantan ópera, para lo que nadie me propone una forma de comprobarlo.

También existen científicos que engañan y mienten. Eso no es ciencia y gracias a la reproducibilidad son fácilmente detectables.

La ciencia no explica por qué, explica cómo.

La ciencia no se ocupa de por qué suceden las cosas, de si hay una razón última para nuestra existencia o para el universo, de si hay alguna razón para que exista algo en lugar de nada o si hay algún propósito último…

Quien busque o descarte esas cosas a través de la ciencia está sacando los pies del plato.

En ciencia se hace un experimento reproducible y se constatan unos hechos reproducibles. Se busca el sistema matemático y conceptual más sencillo que describa ese proceso (el cómo) y punto final. De hecho, la descripción del proceso está sujeta a cambios a la luz de nuevos experimentos o mejores descripciones. Otra cosa es el efecto que se produce, el hecho científico, que seguirá siendo el mismo, si el experimento está bien hecho.

La ciencia ha traído un progreso material espectacular

La ciencia vale para lo que vale. No, no me ha dicho si mi existencia tiene algún propósito, pero ha duplicado mi esperanza de vida.

Quien le demande o le eche en cara no haber traído también progreso “espiritual” o “humano” o como queramos llamarle, hace mal, no es su propósito.

¿Qué pasa si creo una cosa y no tengo evidencia experimental?

A veces les dicen a los creyentes: Puedes creer en lo que quieras, mientras no valga para nada.

La verdad es que no suena muy apetecible creer en algo así, al creyente le apetece creer en algo que sea «real» y que tenga efectos «reales».

Cuando te dicen que una práctica «espiritual» actúa en el mundo, entonces puede ser percibido y medido. Me es igual que materialices oro, regeneres órganos o flotes sobre el suelo. Es medible, no es «opinable».

Por ejemplo, los usuarios de medicinas alternativas dicen que funcionan. Eso es una afirmación bien clara, quiere decir que curan, que sanan, que reducen los tumores (medible), que eliminan infecciones (medible), que redensifican mis huesos (medible)… Aquí no hay problema, no hay conflicto con la ciencia, pero tampoco es opinable. Lo único que hay que hacer es medir, es hacer estudios y extraer las conclusiones, honestamente y teniendo en cuenta el efecto placebo. Y si funciona no hace falta que se les llame medicina alternativa, basta con medicina.

Si tus creencias y tus prácticas son puramente interiores y no tienen ningún efecto en el mundo que percibimos, la ciencia no va a considerarlo, no es objeto de su estudio.

Como conclusión

Personalmente yo quiero evidencia experimental. Si eres Neo y esto es Matrix, quiero ver cómo se paran las balas, es más, quiero que me enseñes a pararlas. Es la única manera que tengo de distinguirte a ti, Neo, de un timador, de un pirao, o de estar yo mismo volviéndome loco, oyendo voces y tal.

Digamos también que es casi imposible renunciar a la búsqueda de un sentido y un propósito. Puede ser que se trate de un «fallo» de nuestro encéfalo, un truco de la evolución, que nos hace más efectivos en el paso de nuestros genes… Puede que sea la llamada del Ser en nuestro regreso a casa… Puede… pero en todo caso…

Yo, personalmente también, ando en mi búsqueda, pero quiero evidencias en este mundo que me parece real, y, si este mundo es una ilusión, quiero superar la ilusión y controlarla. No me basta con el discurso de que esto es ilusorio, si luego estoy completamente sujeto a las leyes de la ilusión como cualquiera. Digamos que quiero una sabiduría efectiva y que funcione, quiero algo real, en la ciencia y en el espíritu.

Dedicado a Oscar

Por sus obras los conoceréis… el experimento decide.

Casi siempre empiezo mis shows o mis charlas hablando del carácter práctico de la Ciencia.

Me encanta esto de que no importa quién «tan importante» dijo qué… o quien tan «poco importante» dijo lo contrario: El experimento decide.

Y, como tantas otras veces, me parece que esta actitud puede aplicarse estupendamente a múltiples aspectos de la vida cotidiana.

No sé si os lo habéis parado a pensar, pero este modo de proceder contrastando ideas, intuiciones o teorías con la experimentación es muy similar a la mejor tradición de la mística de muchas formas de espiritualidad. La mística se convierte pues en una «espiritualidad científica», y quizá la única que pueda practicar alguien intensamente racional y ligado a la ciencia.

Volviendo a la ciencia propiamente dicha, Este sentido «práctico», no necesariamente como «utilitarista», sino como orientado a objetivo creo que es un gran valor en la mirada al mundo que es la ciencia.

Me resulta muy interesante considerar también que práctico y materialista no es lo mismo. Yo puedo tomar acciones muy prácticas (muy orientadas a un objetivo e incluso muy eficientes) para mostrarle mi amor a Pepita, asunto este poco materialista. (Es amor del bueno…)

Por otra parte, me parece que es una «fuente de hermandad«. Hay multitud de ocasiones en los que nos matamos a discutir aspectos de importancia menor o asuntos teóricos que nos alejan, cuando nuestros hechos o nuestra labor práctica son similares…. a veces indistinguibles. Somos aliados ciegos.

Veamos un ejemplo. Respecto a las creencias sobre la muerte, nos encontramos con gente que cree que ahí acaba todo, otros creen que esta vida en la Tierra es única, siguiéndola después otra completamente diferente, y los hay que creen en la reencarnación (como si la vida aquí fuera una sucesión de cursos).

Sin entrar a valorar cada una. Las personas más lúcidas que integran los tres grupos tienen formas de proceder muy similares:  Centran su acción y focalizan su mente en el momento presente.

Aunque desde las tres posturas se puede elaborar un discurso que te lleve a la inacción o al egoísmo (tanto por aprovechar lo único que hay, como porque hay tiempo para «compensar»), insisto en que vemos a la «mejor gente» de cada tradición remangándose y poniéndose manos a la obra para construir un mundo mejor aquí y ahora, en multitud de ocasiones codo con codo.

Así pues, independientemente de nuestro discurso interior, de los detalles de nuestras ideas o creencias, es fácil encontrar una «hermandad práctica» entre la gente de bien, en la que es el «experimento» el que decide: «Obras son amores…» o esta otra «Por sus obras los conoceréis».

A este respecto escribí hace tiempo un texto que quizá os guste. Se llama «El Encuentro«, lo tenéis en español y en inglés. Me encantaría que, si os gusta, lo pusierais en circulación, porque creo sinceramente que es muy necesario que la buena gente se una de una vez por todas y tome las riendas de este planeta, en vez de tolerar que desde otros intereses se usen las distintas formas de poder para producir y aumentar el sufrimiento.

Imagen: Faraday en su laboratorio (wikipedia)

El «cómo» y el «por qué»

Hoy les explicaba a mis alumnos que hace tiempo alguien descubrió que la electricidad y el magnetismo estaban relacionados, que un imán y circuito tenían mucho que ver.

Tanto que ver tienen que hoy sabemos que son caras de una misma moneda, que comparten una realidad subyacente que llamamos electromagnetismo y que, por no ir más lejos, es la base de la tecnología que usamos.

Y entonces me pregunta una alumna que por qué esto es así… por qué…

A ellos se lo conté lo mejor que pude, aquí lo volveré a hacer… y el que quiera más tela, que se lea El Mundo de Max, últimos capítulos.

La ciencia no explica PORQUÉS… explica CÓMOS

En los libros de ciencia encontraréis que las cargas de distinto signo se atraen y las del mismo se repelen, que las masas se atraen, que la velocidad de la luz en el vacío es aproximadamente 300.000 km/s…

Pero, por qué ocurre así y no de otra manera, por qué la velocidad de la luz no es más baja o más alta, por qué las masas no se repelen, o se atraen con más fuerza… de eso, nada de nada.

La ciencia hace una descripción lo más detallada y simplificada posible de las cosas que experimentalmente se comprueba que suceden, en la esperanza que vuelvan a repetirse de igual forma en el futuro.

La razón última (si es que hay tal cosa) de la existencia del mundo o del valor de las constantes universales no la encontraréis allí. De eso se ocupan con mayor o menor fortuna las distintas corrientes filosóficas y religiosas.

Por esto  lo más interesante es picotear aquí y allá, porque necesitamos la ciencia, la filosofía, la espiritualidad, el arte… para poder hacernos una idea aunque sea aproximada de los millones de facetas de esta joya que es el mundo en que vivimos… snif, perdonad… me he emocionao’

La ciencia es fantástica, entre otras muchas cosas ha conseguido que podamos vivir muchos más años, pero no hay que endiosarla, tiene su ámbito de aplicación, su método, sus limitaciones. Por conocerla mejor, no la amamos menos… snif, perdón de nuevo, tengo que cortar…